El suave, fino y delicado velo
de nuestra madre argenta
en acompasado andar del anzuelo
sobre la estela del camino alienta
con raudo viento el sutil consuelo
de aquellos cuya labor les reinventa.
Mientras nos entonamos dulces cantos
en profundos sueños y sórdidos lugares
a donde el sol no teme llegar en aspavientos
ha de acudir en fatuo velo desde oscuros lares
cuando el gentío deja de estar como andantes
perdidos en la vereda de los rumbos siniestros.
Vivo por quien sigue una suave estela de platino
y una trémula luz de brillante plata
entre las insomnes estrellas en un velo ínfimo
de radiante fulgor ante toda esperanza rota.
Una silenciosa velada entre miriadas
de aquellos delicados y celestes joyeles
mientras nosotros dormimos como las hadas
andan entre nuestros asuntos cuan hijos de reyes.
Éste poema fue de mis años de estudiante. Ojalà lo disfruten.
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